Se me pasa la veintena, con vaivenes, vericuetos y vagancias. Vislumbres, volcanes y volcadas. Vorágines (b)ien vividas y tantas (B)ofetadas.
Se me pasa la veintena chamanizada por el arte mismo encarnado en el proceso creativo.
Se me pasa con trabajos ad honorem, en negro, en blanco, en gris e inalcanzados.
Se me pasa la veintena con manojos de amantes colgados como las llaves en el ganchito de la cocina.
Se me pasa la adolescencia (en la veintena) agarrada tan profundamente como mi cresta ilíaca derecha.
Se me pasa la veintena anhelando anhelando anhelando.
Se me pasa veintena espiritualizando lo que tanto libro de papá no pudo.
Se me pasa sabiendo "que cambiar" desde el principio, pero no sabiendo que recién al final empezaría a concretarse, concentrarse, contentarme y contenerme todo el compendio de cosas concatenadas y concebidas para- crecer (y creer).
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