lunes, 28 de noviembre de 2011

No sé que decir

No sé que decir, se me agotaron las palabras, se me perdieron durante el año, se me cayeron de la cabeza batida. Se evaporaron con la comprensión, se relativizaron por la emoción, se desmitificaron por la acción.
No sé que decir y me siento más vivo.
Más en mi carne, compartiendo, dialogando (que paradoja), combinando.
Fuera la cáscara argumental! la máscara ornamental! la cháchara blablableral!
Y es que me cansé del acting de ser alguien que se muestra como alguien que es y sabe ser alguien que puede decir que sabe de tal o cual cosa y por ende es alguien que puede y que sabe.
Quiero saber que decir cuando sepa compartir. Quiero decir que quiero compartir antes de decir. Y sólo decir si puedo sentir que lo que digo vale la pena ser dicho. Es decir, sólo si hace falta, si comunica, si abre puertas, si nos modifica para bien.
No sé que más decir y creo que en este momento es lo mejor que me puede pasar.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La soberbia

Si me detengo la tengo encima como un fardo de paja que cargo a 45º al sol. Si me muevo para algún lugar no me sigue, porque está tan insegura de si misma que no tolera los desplazamientos.
Entonces me sacudo el polvo que me deja (porque es sucia... tengo que decirlo) y me hecho una corridita por los parques de la alegría momentanea. Ella los odia porque dice que son burdos.
A mi no no me parece, porque ahí están los jazmines que con su fragancia me llevan a conocer a los helechos (que me enseñan las ventajas de la simpleza). Por último paso por el sector de los malvones todopoderosos que resisten al clima y más adelante encuentro la entrada a los parques de la alegría sostenida. Esa es otra historia que espero contar pronto en este blog. Por lo menos ya vi por dónde se entra y eso la verdad que me alivia.
Ah, me olvidé de contar que ahí ya no puede entrar (la sra. "S") porque si lo hiciera se desintegraría como la bruja del mago de oz que se derritió por mala.
colorín colorado, este cuento se ha terminado.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Once

22:47 hs, camino por mi querido, admirado y siempre rechazado barrio. Voy a hacerme una resonancia de rodilla (si, a esa hora me dieron turno) a media cuadra de Pichincha y Rivadavia.
Ante mi temor lógico de vagar por esas calles a altas horas, decido meterme en la confiteria Atenea para un cafecito que me salve 10 minutos de espera. Me transporto inmediatamente a esa dimensión kistch que siempre me atrajo tanto. De repente estaba en los 70 con ventanas de puntas redondeadas en tonalidades beige y marrón, paredes acolchonadas y revestidas con cuerina (juro que en una, había un león tallado), unos vitreaux de cristo (con sus discípulos) en unas cabernas con azulejos (cuando me percate de los azulejos en las cabernas se me generó un éxtasis) y un sillón (también marrón) que casi formaba un semicirculo en el que encerraba a una mesita con una planta.
Y me acordé de mi abuelo Ernesto. Pensé que en mis genes tenía algo de toda esa bohemia, del café nocturno en congreso/once. Empecé a reconocerme como parte de una herencia y comprendí porque me gustaba tanto ese lugar.
El mozo me miraba sin entender, sin reconocerme como parte de ese mundo, de esa soledad nocturna. Juzgaba mi apariencia de adolescente casi teintañero de zona norte, pero al mismo tiempo algo le indicaba que sólo era una fachada y se empecinaba en "sacarme la ficha" con miradas escurridizas entre golpes de trapo rejilla
...era que se me me juntaba Cortázar, mis papás, mi tía Betti, la melancolía porteña, el deslumbramiento por lo bizarro y una lámpara ochentosa que me llevaba a mi casa de Rincón. También la dictadura, películas de Olmedo y mi infancia. Se me juntaba todo eso y la alegría de la sorpresa, la poesía de lo marginal, la ruptura de la linealidad, la sensación de estar en el lugar justo, el regocijo con lo simple, el placer de la anti-moda, el aburrimiento de la posmodernidad, el deterioro, la necesidad de trascender y sobre todo las ansias de libertad.
Todo eso en 13 minutos y un café. Fuaaaa.

domingo, 13 de noviembre de 2011

jueves, 10 de noviembre de 2011

Maru

Maru:

 Te extraño tanto, que a veces siento que estás o que no te veo hace poco. Y es que estás en cada rincón de la casa, en los olores, en las paredes, en tu cuarto... También en los recuerdos de nuestras charlas, en tus tonterías, en tus enojos...
Siento que el tiempo no pasó. Como si hubiera un universo en donde hace unos días llegabas de trabajar y entrabas al living de casa, o mirabas a la luna en el balcón como si tuvieras 15 años (esperando a tu príncipe azul?).
Me levanto a la noche y siento que estás, quizás me traslado a ese universo por medio de un sueño y siento felicidad y tristeza, no entiendo y entiendo. Todo eso al mismo tiempo.
...Y es que nos acostumbraste a tu mundito de facturitas, de cafecitos y canciones; de torpezas, melancolías y reproches; de inocencias, esperanzas y amores protectores. De toda vos, así tan Maru, tan expansiva y controvertida como la Maru que todos querían y comprendían pese a sus locuras. Porque entendían que eras buena y que cuando no lo eras del todo, solamente necesitabas cariño.
Entonces Maru, ¿como no voy a extrañarte? decime desde algún lugar, explicame... vos que siempre tenías palabras para todo.
Pido demasiado. Ya me explicaste muchas cosas. Me enseñaste muchas más. Voy a crecer Maru, te juro que lo voy a intentar también por vos, porque sé que aunque muchas veces te asustaba la idea, era uno de tus deseos más profundos.

Siempre te voy a amar Ma.

Gonzi

martes, 1 de noviembre de 2011

cantata en sol mayor (o karaoke)

Un haz de luz lo ilumina desde arriba (dos lámparas de bajo consumo). La platea expectante de la entonación de ese pajaro pinto, de ese gorrión porteño que emitirá unos sonidos deslumbrantes con matices poco escuchados en el mundo del music hall.
(pongo el karaoke) Empieza la función con un tono casi intimista (como para que los vecinos) como para que el público piense que esta nueva revelación mantiene su humildad pese a su increíble potencial (me da verguenza que me escuchen). Pero de golpe el virtuoso cantor, con su frac brillante y zapatos lustrados (con mi remerita gris, joggineta y en patas), proyecta un agudo con vibratoria sin igual hacia el palco (proyecto hacia la pared para que me salga la voz) y siente la aceptación de sus seguidores con un aplauso (pienso que mis vecinos piensan que soy un rompe pelotas). Pero más adelante se viene el verdadero desafío y el soberbio mirlo rioplatense emana un talento sin igual al navegar por la intrincada letra y melodía de está obra (le pongo un huevo tremendo para embocarle al inglés, sostener el ritmo y leer la letra que no me aparece en la pantallita del youtube). Por fin la parte esperada, EL AGUDO de pecho proyectado en todo el Ópera Sky (me mando un "somebody tooo looove" sintiéndome la versión masculina de Mariah Carey) . Ovación de pie y el extraordinario vocalista saluda con una reverencia (Me siento pleno, voy a la cocina y me cebo un mate).