Si me detengo la tengo encima como un fardo de paja que cargo a 45º al sol. Si me muevo para algún lugar no me sigue, porque está tan insegura de si misma que no tolera los desplazamientos.
Entonces me sacudo el polvo que me deja (porque es sucia... tengo que decirlo) y me hecho una corridita por los parques de la alegría momentanea. Ella los odia porque dice que son burdos.
A mi no no me parece, porque ahí están los jazmines que con su fragancia me llevan a conocer a los helechos (que me enseñan las ventajas de la simpleza). Por último paso por el sector de los malvones todopoderosos que resisten al clima y más adelante encuentro la entrada a los parques de la alegría sostenida. Esa es otra historia que espero contar pronto en este blog. Por lo menos ya vi por dónde se entra y eso la verdad que me alivia.
Ah, me olvidé de contar que ahí ya no puede entrar (la sra. "S") porque si lo hiciera se desintegraría como la bruja del mago de oz que se derritió por mala.
colorín colorado, este cuento se ha terminado.
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